Beschrijving
Las manos, formadas con 27 huesos controlados por 17 músculos de la mano y 18 del antebrazo, permiten el movimiento preciso del pianista o la fuerza necesaria para manejar un mazo. Son ellas las que acarician, aman, expresan emociones, portan armas y matan. Son el instrumento de agarre, que nos permite sostener el agua36. Están eternamente vinculadas al flujo incesante de nuestras acciones, recibiendo y generando condicionamientos. Por lo tanto, las mismas manos que encarcelan son las que nos emancipan, cantando el ideal del Tantra, “transformando el veneno en medicina” o “levantándonos del suelo con la ayuda del suelo mismo”.
Logramos la trascendencia a través del pulgar en oposición, este gran regalo de la naturaleza que ha estado con nosotros durante 3,2 millones de años como un éxito estable del desarrollo natural37; el Australopithecus sediba ni siquiera podía imaginar adónde nos llevaría este dedo diferente38. Al igual que en el pasado, las manos nos han ayudado en nuestro proceso evolutivo, ahora en el presente, expresan emociones, pensamientos y estados de conciencia y nos llevan a la otra orilla del río. El yôgi sentado en ásana, más allá de la mente, del tiempo y del espacio, tiene sus manos modificando su forma y expresando su experiencia. El estudiante pone sus manos en el gesto del sabio, para, por similitud, poder sentir lo que este siente, vivir lo que vive y saber lo que sabe.
